En 2016, un estudio publicado en la revista Science analizó los núcleos del cristalino del ojo de 28 ejemplares y descubrió algo sorprendente.
El individuo más grande, una hembra de más de cinco metros, tenía una edad estimada de alrededor de 392 años, con un rango posible entre 272 y 512 años. Esto la convierte en el vertebrado más longevo del que se tiene registro, una auténtica sobreviviente que ya nadaba en aguas polares cuando el mundo moderno ni siquiera existía.
Estos tiburones se desplazan lentamente por las frías y profundas aguas que rodean Groenlandia, Islandia y Canadá, un entorno donde el tiempo parece avanzar a otra velocidad.
Su crecimiento es extremadamente pausado —aproximadamente un centímetro por año— y su metabolismo funciona a un ritmo tan bajo que contribuye de manera decisiva a su extraordinaria longevidad. La temperatura cercana al punto de congelación, la baja disponibilidad de alimento y la vida en zonas oscuras y tranquilas parecen haber moldeado un organismo que envejece con una lentitud casi inimaginable.
El descubrimiento no solo revela la historia de un animal que ha atravesado siglos, sino que también despierta preguntas sobre los mecanismos biológicos que permiten vidas tan largas.
Comprender a Somniosus microcephalus podría ofrecer pistas valiosas sobre el envejecimiento, la resiliencia y la capacidad de adaptación en condiciones extremas, recordándonos que los océanos aún guardan secretos que desafían todo lo que creemos saber sobre la vida.
📚 Fuente:
- «Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus)», Science, DOI: 10.1126/science.aaf1703
