Para la mayoría, una rata es asco. Para tirar la chancla. Para poner veneno.
En una clínica de Tanzania, una rata es una colega. Una heroína.
No es la rata de Nueva York que vive en la basura. Es la rata gigante africana. Dócil, inteligente, más fácil de entrenar que muchos perros. Y con un olfato que haría llorar a un perro sabueso.
Se llaman HeroRATs. De la organización APOPO.
Y acaban de evitar 400 mil nuevos casos de tuberculosis en el Este de África.
La tuberculosis es la infección que más mata en el mundo. Más que muchas guerras. Y en Tanzania, un humano con microscopio solo detecta del 20 al 40% de los casos en una muestra de saliva. El resto se va a su casa sin saber que está enfermo, contagiando a todos.
Una ratita no.
Una ratita como Carolina, que trabajó 7 años para APOPO, aumentaba la detección en un 40% en su clínica.
Lo que un científico tarda 4 días en analizar, Carolina lo olfateaba en 20 minutos.
3 mil veces en su vida, Carolina detectó uno de los 6 compuestos que delatan la tuberculosis. 3 mil vidas que no se contagiaron gracias a su nariz.
Cuando se jubiló en noviembre, le hicieron una fiesta. Le hicieron un pastelito de zanahoria con cacahuates. Todos aplaudieron. Le gritaron «hip hip hurra a la heroína». Y la mandaron a vivir sus últimos años con su mejor amigo Gilbert, a un recinto con sombra que le llaman «Rat Florida».
«No solo estamos salvando vidas, también estamos cambiando la perspectiva y creando aprecio por algo tan humilde como una rata», dijo Cindy Fast, la neurocientífica que las entrena
«Porque nuestras ratas son nuestras colegas, y realmente las vemos como heroínas»
400 mil casos prevenidos. 400 mil familias que no se enfermaron.
Y no fue con una máquina de millones de dólares. Fue con una ratita gigante que pesa un kilo, que cuando acierta le dan un plátano, y que mueve la colita cuando sabe que salvó una vida.
Si al inicio de esta nota no te gustaban las ratas, quizá Carolina te cambió la idea.
