En lugar de usar el test como curiosidad, tomó cada región donde aparecían sus raíces y viajó físicamente hasta ahí para grabar con músicos locales, coros en el Cáucaso, percusiones en África, instrumentistas en Asia, voces indígenas en América.
Todo eso terminó en su álbum solista Residente, construido como un rompecabezas genético donde cada canción corresponde a una parte de su árbol biológico.
Él mismo ha explicado que la idea era evitar el típico “disco de world music turístico” y más bien demostrar, con hechos, que su identidad es producto de migraciones y mezclas concretas.
El proyecto incluyó también un documental que lo sigue en esos viajes, y que funciona como making of y, al mismo tiempo, como prueba de que la historia del álbum no es un concepto de marketing.
